Mi encierro en la prisión llamada DEPRESIÓN

“La depresión es una cárcel en la que eres tanto el prisionero como el cruel carcelero”.

-Dorthy Rowe

A lo largo de nuestras vidas, sean cortas o largas, suelen existir situaciones en las cuales no encontramos salidas a las problemáticas que se nos presentan. Es verdad que todos, en algún momento, nos hemos visto involucrados es etapas que involucran estos problemas, en menos o mayor grado, pero es común que los presentemos.

La capacidad que posee cada ser humano para hacerle frente a estas situaciones es muy diversa; algunos somos capaces de afrontarlas y superarlas con facilidad, pero para otros es un trabajo bastante más difícil. Cuando el momento que paso es muy complicado y lo interpreto como una adversidad, puedo caemos en alguna adversidad, podemos llegar a caer en un estado depresivo. Es importante mencionar, antes de continuar, que es diferente una tristeza que caer en depresión. Ya que la tristeza es una emoción universal, que todos los seres humanos pasamos y que incluso es necesaria para nuestro organismo. Sin embargo, al hablar de depresión, estos sentimientos de tristeza se agudizan enormemente y la duración, acompañada de los síntomas tienden a ser elevados.

Los factores que influyen para que una persona presente depresión pueden ser varios: empezando por una cuestión orgánica, en la cual la persona, a nivel neurofisiológico, presenta un déficit en cuanto a la segregación de neurotransmisores como la dopamina (asociada al placer) y la serotonina (asociada a la felicidad). Para combatir esta situación, en muchos casos, es necesario el apoyo de fármacos para estabilizarlos.

También, ante alguna situación aversiva o complicada, la persona puede interpretarla como negativa o complicada y presentar la afectación propia de la depresión.

Aunque la depresión puede presentarse en diferentes maneras, los síntomas más significativos son:

  • Niveles de tristeza elevados
  • Pérdida de interés por actividades que antes eran gratificantes
  • Fatiga corporal
  • Problemas en la interacción social/familiar
  • Cambios en el ritmo del sueño (insomnio o dormir demasiado)
  • Cambios en el apetito (Comer mucho o poco)
  • Pensamientos negativos
  • Dificultad para disfrutar situaciones
  • Llanto recurrente
  • Incertidumbre hacia el futuro
  • Bajo rendimiento laboral/académico

Estos son algunos, de muchos y variados síntomas que se pueden presentar en una persona que se encuentra con niveles depresivos significativos. La mejor solución, es tratar de buscar atención profesional (psicológica o psiquiátrica), en caso de no poder lograr volver a encontrar la felicidad que alguna vez presentamos. Y hay que recordar que, aunque nos encontremos en estas etapas difíciles, todos podemos ser felices y ese es uno de los objetivos más importantes de la vida.

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