La Llorona de Meoqui

CD. MEOQUI, Chih.- Una de las leyendas más difundidas en nuestro país es sin lugar a dudas la de La Llorona que tiene poco más de 400 años y las prácticamente en todo el país, principalmente en los pueblos más viejos del territorio nacional y en el caso de Meoqui platica la gente que tenía nombre y se llamaba Catarina, quien era una mujer muy hermosa que engañó a su esposo, que poca atención le prestaba, y lo mató con un machete al darse este cuenta de su infidelidad, así como a sus hijos gemelos varones que vieron el asesinato de su padre, escuchándose su lamento a la media noche en la zona conocida como El Vado, y cuando esto sucede se encuentra a alguien muerto al siguiente día.

Según cuenta la leyenda quienes aseguran haberla visto y han sobrevivido para contarlo, afirman que es una mujer muy hermosa, sensual, que atrae a los hombres jóvenes para seducirlos y robarles el alma, pues a ella también se la robaron y por eso vaga en el área de El Vado pasadas las 12 de la noche.

Dicen que vivió aquí hace muchísimos años y se llamaba Catarina. Ella era una mujer casada con un hombre gris y taciturno, quien muy poca atención le prestaba, a pesar de la belleza de la joven, quien sin embargo era admirada por los demás hombres que codiciaban su belleza y la gracilidad de su andar y coquetería natural que ella poseía.

Como se sabía bonita Catarina, y cansada de tanta indiferencia de su marido, muchos hombres de Meoqui y sus alrededores empezaron a cortejarla, y a ofrecerle sus amores, a pesar de que era casada, pero ella, fiel a sus convicciones y como había sido criada, como eran las costumbres de aquella época en que la mujer debía permanecer y guardar a su esposo hasta que la muerte los separara, era también fiel a su esposo y a sus dos hijos gemelos porque su máximo anhelo era que crecieran dentro de un seno familiar estable y apegado a las buenas costumbres de aquella época.

Sin embargo, agrega la leyenda que cuentan los lugareños meoquenses, un mal día fue presa de la lujuria de un hombre que con base en promesas logró seducirla y ahí comenzó la perdición de ella.

Catarina se enamoró de aquel hombre que le exaltaba su pasión y pensó en divorciarse y separarse de su indiferente esposo para tener una vida mejor en lo sentimental, pero dicho hombre, luego de haberse aburrido de su conquista, tras haberla cortejado y disfrutado a más no poder, dejó de hablarle e incluso se fue del pueblo por un tiempo, sin que nada se supiera de él ni en Meoqui, ni en sus alrededores.

Mientras tanto, el engañado y traicionado esposo se enteró de la infidelidad de su esposa Catarina y le reclamó por su comportamiento desleal y burlesco para las costumbres de la época donde estaba muy arraigado el machismo y el dominio del hombre sobre la mujer.

Ella, en vez de sentirse avergonzada, cogió un machete y mató a su marido; después, lo enterró en el solar de su casa. Como sus dos hijos gemelos habían sido testigos del atroz asesinato, los llevó al río San Pedro y les dio muerte también, ahogándolos (cuando el río si llevaba agua, no como ahora que está seco).

Cuando la policía encontró los cadáveres de los gemelos, Catarina ya había perdido la razón, no sabía de si y se volvió loca y a nadie se le ocurrió culparla por su espantoso crimen, el cual se le achacó al esposo por la súbita desaparición de éste.

A partir de entonces, y hasta hoy en día, destaca la leyenda contada por la gente de mayor edad, Catarina se convirtió en prostituta, y anduvo de aquí para allá en su vida galante.

Como seguía siendo una mujer muy bella y atractiva, muchos hombres la buscaban para saciar su lujuria, sus bajos instintos y tener encuentros carnales con ella, a pesar de que ya para entonces se rumoraba que alguien asesinaba a los jóvenes en noches que se escuchaba el aterrador grito de la Llorona.

Pasado el tiempo en cierta ocasión, regresó al pueblo aquel amante quien había cortejado y enamorado a Catarina y después de haber tomado varias copas en la cantina se fue caminando a su hogar.

En la calle se encontró con una mujer que al principio no reconoció, pero luego de verla bien se dio cuenta de que era Catarina, la mujer a quien había enamorado, gozado y abandonado.

A pesar de su viejo despecho, y para cobrar su venganza, ésta lo ignoró y él insistió en invitarla a un paraje oscuro. Ella siguió haciéndose del rogar hasta que cedió.

Caminaron los dos abrazados, el amante, que entre los humos del alcohol, quedó más que antes anonadado con su belleza y llegaron hasta El Vado del río, donde se besaron con mucha pasión y después bajaron hasta la orilla.

Señala la leyenda que el hombre trató de desnudar a Catarina, pero ella le pidió que él se desnudara primero. Asintió el hombre. Después, Catarina sacó un cuchillo y le cortó los genitales, luego le clavó el cuchillo en el corazón y metió los genitales en la boca del ya difunto. Fue un crimen horrible que nadie pudo dilucidar.

Agrega la leyenda que pasaron los años y Catarina murió. Nadie fue a su entierro, excepto el sacerdote y el sepulturero. Ahí terminó la triste historia de Catarina y empezó la de la Llorona en Meoqui, aunque ya para entonces la gente decía que de vez en cuando se escuchaba su lamento. En la actualidad todavía se cuenta que cuando se oye el grito de la Llorona significa que habrá una muerte. Después, efectivamente, al amanecer encuentran a un joven muerto junto al río, y se cree que sea el ánima de Catarina la que sigue cobrando venganza y es conocida como “La Llorona de Meoqui”.

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