La importancia de las emociones en la enfermedad

Siguiendo el tema que he tocado esta semana en algunos medios, en esta ocasión escribiré acerca de la importancia que tienen las emociones en las enfermedades.

Comencemos entendiendo una emoción como una reacción psicofisiológica ante los diversos estímulos externos o internos. En palabras más sencillas, la respuesta de nuestra mente y los signos/síntomas que nuestro cuerpo produce ante la misma. Estos cambios se presentan debido a que en un nivel neurológico, específicamente dentro de nuestro sistema límbico, se segregan y regulan sustancias químicas llamadas neurotransmisores, que producen alteraciones en nuestro organismo.

Definiendo lo anterior, comprendemos que lo que sentimos en cuanto a emociones, no solamente influye en tus pensamientos, sino que también tiene un impacto en la parte física; tu cuerpo reacciona a esas sensaciones… cuerpo y mente están completamente conectadas.

Si entendemos el término enfermedad como una “alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible” (OMS 2015), ¿cómo puede una emoción influir en las enfermedades?

Las emociones denominadas “positivas”, tales como la felicidad, alegría, esperanza, entusiasmo, euforia, etc, provocarán que los neurotransmisores antes mencionados sean relacionados con el bienestar, y las emociones “negativas” como la tristeza, enojo, frustración, desesperanza, entre otras, provoquen que los neurotransmisores liberados se asocien a cierto malestar.

Desde el momento en el que se diagnostica alguna enfermedad grave, nuestra respuesta tiende a ser de shock, provocando angustia e incertidumbre hacia el futuro. En algunas de estas enfermedades, llegamos a grados depresivos por los cambios que estas implican; desde modificaciones en las actividades que solían interesarnos, alejarnos de personas/grupos que eran puntos de apoyo importantes, hasta cambiar hábitos de sueño, alimentación, etc, que comienzan a impactar nuestra estabilidad, físico-emocional.

Es cierto que es sumamente complicado el recibir una noticia tan fuerte, y la mayoría no nos encontramos preparados para ello, sin embargo, hay que ser conscientes de que esta actitud y afrontamiento que tengamos ante la misma, puede determinar la esperanza de evolución, recuperación o vida de la persona que se enfrenta a ella.

El afrontar la enfermedad con actitud positiva no quiere decir estar feliz por padecerla, tampoco negar la presencia de la misma, sin embargo es ser capaz de aceptar los aspectos negativos con esperanza en continuar luchando por mejorar, con fe personal hacia un tratamiento y estabilidad y sobretodo amor propio hacia nuestra vida.

Si te encuentras identificado por alguna situación similar, apóyate en la gente que te rodea, busca actividades que te hagan sentir alegre, evita dejar de lado tus intereses, sigue el tratamiento acorde a tu enfermedad y no busques ser una víctima, trata de llegar a los resultados que deseas en cada momento.

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