Crianza en los hijos

“Lo que se de a los niños, los niños darán a la sociedad”

-Karl Meninger

Sin lugar a dudas, una de las responsabilidades más grandes que tiene una persona, es la de educar a un hijo.

Es cierto que nadie nacemos sabiendo ser padres; es una habilidad que se va adquiriendo sobre la marcha  al encontrarnos en la situación de la paternidad. Y es que, aunque estoy seguro que la mayoría de los padres en todo momento, cada acción y decisión que toman respecto a sus hijos, lo hacen con la creencia de que será lo mejor para su desarrollo, disciplina y educación; sin embargo, no siempre son las más adecuadas para estos fines.

Y es que el impacto que tiene la educación que los padres imparten, tiene una importancia tan grande por la flexibilidad de adaptación de los niños, que el mismo Watson comentó “Dadme una docena de niños sanos, bien formados, para que los eduque, y yo me comprometo a elegir a uno de ellos al azar y adiestrarlo para que se convierta en un especialista de cualquier tipo que yo pueda escoger”. Esto nos habla de que el moldeamiento depende de la manera de crianza que elijamos para su futuro.

Dentro de los estilos de disciplina, nos encontramos con dos principales formas con las que usualmente tratamos de impactar en nuestros hijos: Permisividad y autoritarismo. La primera consiste en que cedemos ante las exigencias de los infantes de manera indiscriminada, se carece de reglas, límites y consecuencias para las conductas de los mismos, lo cual provoca una falta de consciencia para la identificación de las acciones que posteriormente realizarán en su adultez. La segunda, que es el autoritarismo, se refiera a una inflexibilidad en cuanto a estos aspectos, impidiendo que el niño o adolescente sea capaz de tomar decisiones propias que lo lleven a enfrentarse con el mundo real, generando un estado de incertidumbre cuando acontecen situaciones desfavorables.

Ambos estilos carecen de resultados positivos, originando condiciones inapropiadas en la percepción y desenvolvimiento de los menores, y a su vez, al llegar a la vida adulta, se encuentran con conflictos que les serán de difícil solución.

Lo adecuado para favorecer las condiciones de su desarrollo consiste en permitirles tomas decisiones que los lleven a enfrentarse con las consecuencias propias de la misma, debido a que como es sabido por todos, cada acción provocará una reacción. Teniendo siempre en cuenta la importancia de los límites claros que no debe sobrepasar, las reglas que debe seguir en todo momento y las consecuencias en caso de incumplir con las dos anteriores. Esto lleva a formar la consciencia, a formar el carácter y a desenvolverse de una manera íntegra en los distintos ámbitos en los que se encuentre.

Es cierto que, como se mencionó en un principio, es probablemente la responsabilidad más grande a la que podemos enfrentarnos los humanos, sin embargo también puede ser una de las etapas más satisfactorias al ver los resultados esperados en las personas que siguen nuestros pasos, imitan nuestras conductas y reproducen lo aprendido sobretodo por los padres.

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