Cómo afrontar el fallecimiento de un ser querido

En artículos anteriores se ha tratado el tema del duelo, que retomandolo comprendemos como el proceso que sucede ante alguna pérdida. El duelo por el fallecimiento de un ser querido es de los más complejos al momento de hablar de una superación.

Las etapas del duelo ante el fallecimiento son:

Negación. En esta primera etapa, es común que las personas literalmente se nieguen a aceptar la pérdida del ser querido. Es un mecanismo de defensa inconsciente en el cual nuestra psique rechaza el acontecimiento, se niega a aceptar la realidad y busca crear una confortante para evitar el dolor. En ocasiones, se realizan conductas como si la persona fallecida aún continuara dentro de la dinámica personal.

Ira. Al encontrarnos en esta etapa, se desprenden sentimientos relacionados con el enojo/coraje/frustración. De canaliza normalmente ante la persona fallecida, hacia la vida, hacia Dios, o en general, hacia cualquier persona o situación de la vida cotidiana. Suele existir sensación de irritabilidad sin razón aparente, y puede generar conflicto con terceras personas por las reacciones causadas por la misma.

Tristeza. Sin duda alguna, esta es de las etapas más complicadas para quien vive su duelo. Aquí la tristeza/melancolía provocan pérdida de interés por actividades que antes se disfrutaban, fatiga física y emocional, llanto recurrente, recuerdos constantes, añoranza, desesperanza… Suele ser una etapa en la cual muchas personas duran un tiempo prolongado.

Negociación. Llegar a esta etapa requiere un trabajo personal arduo. En esta, la persona comienza a negociar la pérdida, buscar soluciones para su vida, realizar nuevamente actividades, procurar un mejor autocuidado, enfocarse en lo que sí tiene.

Aceptación. Etapa crucial… aquí la persona es capaz de comprender la situación desde una perspectiva más objetiva. Comprender que, aunque no se va a olvidar la situación, es posible superarla. Se enfoca en rehacer su vida y lograr estabilizar sus emociones y actividades personales. Se da cuenta que, a pesar de lo doloroso que puede ser la situación, su vida tiene que continuar y se enfoca en ello.

Aprendizaje. La culminación del proceso. Para que un conocimiento sea efectivo, debe contener aprendizajes que puedan ser puestos en práctica. Aquí comprendemos que este proceso tan complejo, nos dejó alguna enseñanza de vida, y que la experiencia es necesaria para fortalecernos y crecer emocionalmente.

 

Es importante conocer, que estas etapas varían en cuanto a la intensidad y duración, dependiendo de factores como el entorno, la familia, círculos sociales, laborales, pero sobretodo, la capacidad del individuo para hacer frente a las situaciones que puedan afectarle. Puede vivirse dentro de algunos meses, o incluso prolongarse hasta muchos años. Sin embargo, siempre es posible lograr concluirlo, e incluso, es necesario lograrlo. La confrontación hacia dicho suceso es lo que permitirá el avance. La evitación y la represión pueden ser funcionales, sin embargo, a largo plazo tienden a generar una mayor afectación. Es decir, el hacer como si no pasara nada, sabiendo en el fondo que continúa doliendo, puede ser contraproducente para la estabilidad emocional y el desarrollo personal. Identificamos que en las diversas áreas de nuestra vida comenzamos a tener resultados desfavorables sin encontrar una razón aparente, pero… ¿realmente ya no nos duele? ¿o estamos evitando enfrentar el dolor y el sufrimiento?

Claro que es un proceso difícil, pero llevarlo, vivirlo, experimentarlo, confrontarlo, e ir logrando sentirse mejor, aún con lo sucedido, te va a servir enormemente para conseguir una calidad de vida mejor.

En ocasiones el duelo se puede superar solo, con ayuda de algunas personas cercanas, pero en otras es necesario el apoyo de profesionales en la materia. Vive, expresa, libera y avanza.

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